La cobertura mediática del paso del huracán Sandy, la semana pasada, en el Caribe y la costa noreste de los Estados Unidos de América ha dejado un sabor muy amargo.
El descontento, la indignación y el cuestionamiento del rol de los medios de comunicación figuran entre las principales reacciones de una amplia franja de la audiencia mundial, principalmente en Europa y en América Latina, frente a la cobertura mediática considerada “desigual” que los principales medios de comunicación dieron al paso del huracán en el Caribe y en los Estados Unidos.
Algunos usuarios y usuarias de las redes sociales en América Latina se han hecho eco en la tela cibernética, principalmente a través de sus blogs, sus cuentas Facebook y Twitter, de este sentimiento de indignación ante tal injusticia mediática.
La injusticia mediática es reflejo de la injusticia del mundo
En su artículo Sandy en Nueva York y en Haití publicado en su blog[1], Fran Sevilla llega a hablar incluso de “la dualidad, la disparidad, la desproporción del mundo que habitamos y la dimensión mediática de sus tragedias”.
El también corresponsal de Radio Nacional en América latina ve corroborada su afirmación arriba mencionada en “el hecho de que en Internet se han colgado más de 300.000 fotografías del paso del huracán Sandy por Nueva York. De su rastro de muerte y destrucción por Haití sólo hemos visto unas pocas instantáneas que apenas se han publicado en los medios”.
¡Una injusticia mediática que sería el reflejo de la injustica de este mundo!
Las víctimas tienen la misma importancia
Otra bloguera venezolana de Caracas, Minerva Vitti, tuvo la misma reacción.
Con un fuerte sentimiento de indignación, ella escribió en su blog: “Mi punto: todas las víctimas son igual de importantes. Y claro que en Estados Unidos la situación es grave, pero cuando Sandy pasó por Haití, Cuba, Jamaica, Bahamas, República y Puerto Rico, ¿importó? Díganme,  ¿que veían en la televisión o en la prensa?”[2]
“Señores antes que todo somos servidores públicos. Nos debemos a la sociedad. Jamás podré entender cómo los medios son tan desiguales, monopólicos, injustos y discriminadores”, concluyó, lanzando a sus colegas comunicadores un mensaje de ética profesional.
El dolor no tiene bandera
En otro artículo Cobertura mediática del Huracán Sandy en el Caribe es criticada por usuarios de redes sociales[3], publicado en el portal internet de SDPNoticias, la agencia de prensa en línea mexicana mostró la foto de dos mujeres casi sumergidas en el agua que tratan de salir de sus casas inundadas en el barrio dominicano La Barquita ubicado en Santo Domingo.
La foto quería atraer el foco de atención sobre la tragedia que seguía viviendo el Caribe, cuando los principales medios se centraron casi exclusivamente sobre los impactos del huracán en Nueva York.
La agencia de prensa encabezó el artículo con la siguiente nota, que refleja el sentir de algunos internautas: “‘El dolor no tiene bandera’, indican sobre una imagen que se ha diseminado sobre el desastroso paso del huracán Sandy en los países del Caribe en los que los medios de comunicación no han reparado tanto como en Estados Unidos.”
¿Qué hace inclinar la balanza?
Parece que la decisión de los grandes medios de escoger cuáles hechos o realidades cubrir, o a cuáles dar más cobertura y según qué criterios va más allá de la dimensión estrictamente informativa.
Detrás de esta decisión se juegan otras cuestiones de orden político, económico, social, e incluso cierta concepción o reflejo de un determinado orden mundial, según la impresión que deja el modo de proceder de esos medios.
¿Qué hace inclinar la balanza de la cobertura mediática hacia un lado y no hacia el otro? ¿La diferencia entre países pobres y países ricos? ¿La diferencia entre centros de poder y periferias?
¿Hasta cuándo el derecho a la información, proclamado por la Declaración universal de los derechos humanos de 1948, y la democratización de la comunicación se harán realidad en el mundo?

 

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